Ir al contenido principal

1. Crónica de un comienzo.

Detesto las inscripciones.
Desde que volver a la rutina postnavideña suponía inscribirse al gimnasio, les tengo manía. 
A todas. Incluida la necesaria para mi nacimiento blogueril. Así que realizado el esfuerzo, ya no me quedaron ánimos para ocuparme del producto de mis desvelos. 

Mil amnésicos meses después, de repente, en mi memoria cobra vida aquel episodio.
Sin ninguna esperanza de rescatarlo acudo al portátil y no; ninguna revolución tecnológica había acabado con él.
Seguía existiendo.
Callado.
Inmaculado como el primer día. 
Paciente.

Mi determinación es (casi) firme. Estoy dispuesta a corregirme y permanecer por aquí más tiempo del que me vieron por clase de remo indoor.

Para la (re)bienvenida, esta hoja de ruta y manifiesto personal:



¡Hasta más ver!

Mafalda

Comentarios

Entradas populares de este blog

7. Me cuento cuentos.

Hoy se cumplen 120 años del nacimiento de Antoine de Saint-Exupéry.  Con 7 años decidí que mi vida de lectora de cuentos había llegado a su fin. Las historias de príncipes, princesas, malvadas madrastras y bosques animados suponían un no rotundo. Mi obstinación, que ya apuntaba maneras, se dio de bruces con la primera novela de aventuras que mi padre me compró, tras unos cuantos chantajes por mi parte: 20.000 leguas de viaje submarino.  Porque en aquel bautizo por inmersión lectora, la única que hizo aguas fui yo. Para mejorar la decepción de aquel estreno, mi padre camufló su siguiente regalo como ¿novela juvenil?: El principito. Yo miraba el librito de reojo, entre el título y tanta ilustración me sonaba a cuento y el que mi padre quería hacerme tragar a chino, además.  Y así estuvimos, manteniéndonos la mirada durante bastante tiempo y guardando las distancias. Pero todo tiene un momento perfecto, y el mío acabó llegando años más tarde, marcand...

3. Rialto, 11.

Yo tenía una librería en Sevilla.  Así comienza Rialto, 11 . Presagio de un final que como en el caso de Dinesen anuncia   unas maravillosas memorias. Belén Rubiano, de una manera confiada, cálida y cercana, como si nosotros fuésemos aquellos amigos que la visitaban todas las semanas en Rialto nos invita a prepararnos café y con música de fondo, adentrarnos en este territorio de libros, libreros y librerías.  Anécdota tras anécdota, la autora peregrina entre el anhelo y la añoranza por aquello que un día soñó, existió y ya no es.  Sin poder evitarlo, relacionas tu itinerario con el suyo para reconocer, como ella misma dice, que todo lo importante acaba siempre de repente y, quedar, por fin, amigablemente en paz con los recuerdos propios. Me gusta imaginar que así, como un día fue el Rialto, 11 de Belén, es como tiene que ser el cielo.