Hoy se cumplen 120 años del nacimiento de Antoine de Saint-Exupéry.
Con 7 años decidí que mi vida de lectora de cuentos había llegado a su fin. Las historias de príncipes, princesas, malvadas madrastras y bosques animados suponían un no rotundo.
Mi obstinación, que ya apuntaba maneras, se dio de bruces con la primera novela de aventuras que mi padre me compró, tras unos cuantos chantajes por mi parte: 20.000 leguas de viaje submarino.
Porque en aquel bautizo por inmersión lectora, la única que hizo aguas fui yo.
Para mejorar la decepción de aquel estreno, mi padre camufló su siguiente regalo como ¿novela juvenil?:
El principito.
El principito.
Yo miraba el librito de reojo, entre el título y tanta ilustración me sonaba a cuento y el que mi padre quería hacerme tragar a chino, además.
Y así estuvimos, manteniéndonos la mirada durante bastante tiempo y guardando las distancias.
Pero todo tiene un momento perfecto, y el mío acabó llegando años más tarde, marcando un antes y un después.
Aquellas breves páginas se convertieron en un credo para mí. Conjugaban de forma simbólica y tan simple, emociones y valores como la amistad, la esperanza, el amor, la felicidad, la culpa, la lealtad, el esfuerzo, la responsabilidad, la inocencia, el compromiso, la soledad, el apoyo, la pérdida, la constancia, el perdón, la superación, la fragilidad, la mentira, la actitud de servicio, el vínculo, la gratitud...
Inspirar valores que crean valor.
Cultivar en otros los dones que ellos mismos cosecharán más tarde.
En fin, la grandeza de la vida concentrada, en esencia, en el detalle, en lo aparentemente insignificante.
La vida como a mí me gusta.
Inspirar valores que crean valor.
Cultivar en otros los dones que ellos mismos cosecharán más tarde.
En fin, la grandeza de la vida concentrada, en esencia, en el detalle, en lo aparentemente insignificante.
La vida como a mí me gusta.
Hoy internet ha hecho su magia, recordándome la efeméride del escritor.
En un momento vital difuso y difícil en lo personal, volveré a contar(me) cuentos, volveré a cada personaje. Seré rosa, zorro, biombo, borracho, baobabs, farolero, geógrafo, volcán, rey... Seré la niña que en otro tiempo fue esta mujer.
En un momento vital difuso y difícil en lo personal, volveré a contar(me) cuentos, volveré a cada personaje. Seré rosa, zorro, biombo, borracho, baobabs, farolero, geógrafo, volcán, rey... Seré la niña que en otro tiempo fue esta mujer.
Porque como alguien dijo una vez, los cuentos fueron escritos para que los niños duerman y, para que los adultos despierten.
Gracias papá por la inspiración, por cultivar en mí dones en forma de cuentos.


En mi casa siempre ha habido varias versiones de este libro, a veces me sorprende encontrar alguna que no conocía.
ResponderEliminarSí, parece que hay ediciones desconocidas estratégicamente dispuestas para que nos las encontremos cada cierto tiempo, creando un necesidad de acopio difícil de remediar.
EliminarSaludos.
Un \a entrada muy interesante
ResponderEliminarcon valores no comunes
Me has gustado.tambien
tus letras y tus opiniones
Gracias Recomenzar. ¡Qué bonito nick tienes!
EliminarUn saludo.