Yo tenía una librería en Sevilla. Así comienza Rialto, 11 . Presagio de un final que como en el caso de Dinesen anuncia unas maravillosas memorias. Belén Rubiano, de una manera confiada, cálida y cercana, como si nosotros fuésemos aquellos amigos que la visitaban todas las semanas en Rialto nos invita a prepararnos café y con música de fondo, adentrarnos en este territorio de libros, libreros y librerías. Anécdota tras anécdota, la autora peregrina entre el anhelo y la añoranza por aquello que un día soñó, existió y ya no es. Sin poder evitarlo, relacionas tu itinerario con el suyo para reconocer, como ella misma dice, que todo lo importante acaba siempre de repente y, quedar, por fin, amigablemente en paz con los recuerdos propios. Me gusta imaginar que así, como un día fue el Rialto, 11 de Belén, es como tiene que ser el cielo.
Me gusta tus reflexiones
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